Cae en mi jardín la primera tarde de enero, cuando un colibrí se baña con el agua que arroja el aspersor. Lo suspenden sus incansables aleteos, hasta que descansa en una rama trémula. ¿Será este pájaro una pregunta en movimiento, lo único que no cae con este atardecer? Por lo pronto busco formas de sostenerme en el aire, aunque sólo tenga el ímpetu de mi lenguaje, la melodía de una canción o la potencia de tu sonrisa. Pasan los segundos y el colibrí sigue ahí, detenido, mientras le pido al devenir que me traiga muchas más tardes así.
Reflexiones de toilette #4: el nombre
- 1: Permítanme decir que un nombre es un domicilio en el mundo. O, en otras palabras, que es el basamento de lo ontológico en la vida social. Así, podría argüirse que mi nombre es una residencia, ya que ocupa un espacio en la construcción de sentido. Él contiene una forma relativa de mi presencia.
- 2: Ese nombre me es asignado por voluntad ajena: no soy partícipe de la creación, soy nombrado por otros. Encontramos ahí la huella de lo social, la marca del Otro en mí. El nombre inaugura un decir, el yo, que me convierte en testigo del mundo. Y los testigos nunca eligen, sólo acontecen.
- 3. El nombre - ese signo - no sólo tiene peso físico, sino que también se conduce por el tiempo. Hecho de mundos que se contradicen, el nombre puede que sea un hoy, un mañana y un quizás, todos tiempos contenidos en unas cuantas letras que me dan forma en lo social. Pero él también es gestado por un ayer. En ese sentido, mi nombre es una herencia.
- 4: Es que, como sostuvo Derrida, "la herencia es aquello de lo que no puedo apropiarme". Heredo algo sobre lo que no tengo "derecho de propiedad ". Por lo que soy su locatario: "su depositario, su testigo o su relevo…".
- 5: En esa dirección, tal vez sea quien soy porque mi nombre es sostenido por otros, ya sea por recuerdo o por invocación. ¿Entonces mi nombre tiene fecha de vencimiento? Puede que sí, cuando ya no sea destinatario del llamado de la alteridad. Entonces diremos que el nombre es palabra suspendida.
- 6: Otro nombre se me aparece con urgencia, el tuyo. Él funciona ahora como un lugar - un tópoi - desde el que puedo ordenar mi experiencia en el mundo. Y las letras que lo forman no escapan de esa propiedad creadora: ellas contienen tu presencia, porque nombrándote puedo invocar tu cuerpo.
- 7: Hay en tu nombre una vibración, un latido. Hay en él una aliteración, que parece reforzar la cadencia natural de las palabras, la existencia de las cosas, la manifestación de lo real... Es ese no-sé-qué- que me obliga a visitar el hogar de tu nombre; a sostenerlo en el mundo y, en ese movimiento, sostener el mío. Y después, de todo, de eso se trata: estar siendo por obra de tu nombre, y el mío.
Desnaturalizar
Ayer en la Marcha del Orgullo LGTB escuché que un flaquito afirmó: “Sí, está buena la marcha de este año. Decí que se llenó de bolivianos”. Cosas así me hacen pensar que el cambio hacia “un mundo en el que quepan muchos mundos más”, como mi ideal del mundo, es de un orden mucho más complejo, mucho más lento y paulatino de lo que a veces parece, incluso en entornos sociales que han sufrido directamente la marginación social. La ideología naturaliza lo histórico, como decía Barthes, y eso es algo difícil de quebrar. Tristeza, lucha y resistencia. Otra no queda.
La palabra que viene está ya en el corazón. Pero precisamente porque viene -es decir: consiste en no estar presente- no puede ser dicha, expresada oralmente. Por eso no tiene sentido y menos por parte de quien ha hecho la experiencia de la vacilación, del fracaso de toda palabra- la insistencia de que esa palabra venga “sin tardanza”. La palabra queda suspendida.
Mi cuarto
No dormí aún, y sin embargo
se proyectan mis sueños en el techo.
La noche se deshace en gemidos sutiles:
el viento que sacude la ventana, el dedo
que bailotea entre las hojas del libro y
las plantas que silban por lo bajo, como si
en ese gesto se alargaran la vida.
Sólo esa antología de silencios me sostiene;
y nada más. Sé que en algún momento
podré cerrar los ojos, y una parte mía
se acercará al balcón, encenderá un cigarrillo
e intentará escuchar con detenimiento
aquellas pequeñas cosas para las que
nunca tendré el oído, ni la voz.
*Poemita que escribí recién en una plaza de San Telmo. No esperen mucho.
Reflexiones de toilette #3: el amor
- 1: Intento ascender - con Platón - a una suerte de idea de lo que es el amor, pero me tropiezo en cada uno de los escalones. En ese acto (la caída) entiendo que esto no se trata de algo intelegible. Sólo hay una eternidad que se consume de a poco. Por lo que no es eterna, aunque así se me revele.
- 2: Esta urgencia no es eterna. ¿Es real? Todo es real porque te amo, y ese mismo movimiento niega todo lo demás: su devenir es cegador, todo lo obnubila en tanto existe. "Sos todo", dice el amante. "Por lo tanto, lo demás es nada", agregamos.
- 3: Por lo tanto, al nivel de lo intercambiable, el amor es algo suntoso. Ahí puede que resida lo poderoso del acto amatorio: "Te tengo, porque nadie más te tiene", dice el celoso. Visto así, soy un egoísta más degustando mi propio banquete entre liberales.
- 4: Es que en esta, la sociedad del capital salvaje, puede que el amor sea también una mercancía. Visto de esta manera: ambos somos actuarios de una relación económica, pero que debe permanecer silenciada. Si se declara, el contrato se rompe. Paradójicamente dejaría de existir.
- 5: Sin embargo hablamos. "Esa chica es la más linda, y la quiero por sobre las demás", decimos, porque aplicamos un valor de cambio. Claro que de la potencia que comprende el ser amado actuamos sólo una. Totalizando el asunto, hay jerarquías porque un sistema, que se construye en base a un orden de tipo publicitario, regula qué es lo que debe gustarme. "Te elijo, pero no soy libre, aunque así lo crea".
- 6: Existen manifestaciones de amor de estas características, pero ¿eso es todo? Entonces vuelvo a Platón, y encuentro en Diotima de Mantineia una manera de decir al amor comprendiendo a lo espiritual. Me conozco por y para el otro (el ser amado). Puedo alcanzar una porción de la verdad: ese tipo de verdad que se construye de a pares, y que puede tomar la forma irregular del amor.
El gran banquete
“No quedó en el matadero ni un solo ratón vivo de muchos millares que allí tenían albergue. Todos murieron o de hambre o ahogados en sus cuevas por la incesante lluvia. Multitud de negras rebusconas de achuras, como los caranchos de presa, se desbandaron por la ciudad como otras tantas arpías prontas a devorar cuanto hallaran comible”
Esteban Echeverría en “El Matadero” (1838).
Cuando un director decide llevar al cine una masacre como la de Oslo, la sociedad se devora a sí misma. Y esta es una curiosa forma de antropofagia.
La industria cultural trabaja edificando ese relato de destrucción seriada, comercializando los grandes desastres de la humanidad. Porque si de algo está hecho el hombre es de otros hombres. ¿Qué otra cosa es el consumo, podría argüirse, sino una manera de asumir la pérdida en solventes cuotas?
Marcuse gustaba hablar de necesidades falsas. La antropofagia que reproducen los medios de comunicación es una de ellas: consumimos los fracasos de la historia porque así nos lo impone la realidad, a la que accedemos con gusto. “Es bueno alejarse de la catástrofe devorándose unos a otros. Satisfacer esta necesidad simbólica es lo prioritario”, aconsejan desde los mass media.
Paradojas de este, nuestro tiempo: la sociedad se hace y se deshace a cada tranco, porque esa es su manera de sobrevivir. Y el hombre es el lobo del hombre.
Es que el banquete está dispuesto en la mesa nuestra de cada día: un terremoto, un tsunami, una bomba nuclear o una guerra mundial serán relatos debidamente guionados y auspiciados por productores ejecutivos. Esos mismos que ya estarán robando ideas de aquel manifiesto de miles de páginas que un psicótico de ultraderecha redactó antes de perpetrar un asesinato a gran escala. Masacre que sacudió, paradójicamente, la tierra de lo apolíneo.
Los diarios de la intelligentzia nacional, los programas de radio sensacionalistas o el reportero engominado disponen el menú del día a un costo accesible: fragmentos de lo real, pedazos de alteridad, materia deshumanizada y otras especialidades de la casa.
Por eso cuando un jueves nos sorprendan las carteleras de los mejores cines con aquella película que reescriba lo acontecido en Noruega sería bueno olvidarse del banquete caníbal que nos prepara la industria cultural. No seamos partícipes de esta comilona digna del más grotesco sainete.
Reflexiones de toilette #2: el duelo
- 1: Llamemos provisoriamente al duelo como la conciencia de los límites, la fragilidad que separa esto y aquello.
- 2: Esa fragilidad media, ahora, entre mi experiencia y el mundo. Quizás sea por eso encuentro a endeble a toda materia. Soy frágil por extensión, como un trigo que es arrastrado por el viento. Y en algún momento cae.
- 3: El duelo puede que trabaje en el tiempo de lo paradigmático, lo que no está pero construye sentido. (A veces las palabras asumen la forma de una ausencia, esa que ocupaste en la huída).
- 4: Qué ubicuidad paradójica: estás y no estás en este lugar. Sin embargo recupero tus palabras, gracias a ellas encuentro el Sentido - la importancia del verbo, que se ubica en el espacio que dejaste libre.
- 5: Recupero tus palabras, decía, y con ellas tu esencia: tengo un porqué. Y entonces entiendo que la debilidad puede comprender también la fortaleza.
- 6: "Can't be sure of how's it's going to be/ when we walk into the light across the bar,/ but I'll know you and you'll know me/ out there beyond the stars". (Johnny Cash)
Reflexiones de toilette #1: el ajedrez
- 1: En mi infancia hubo veranos que dediqué obsesivamente al ajedrez. Creía que aquel simple juego escondía en sus entrañas la Complejidad, con todo lo que ella supone: azar, virtud, pensamientos, infortunios, desinteligencias, agudeza. Nunca fui descollante, pero las energías trabajaban en esa dirección.
- 2: Por esos días, tenía la loca de pensar que en una partida de Ajedrez se encontraba una suerte de espacio correlativo a la realidad que enfrentamos. Había para mí, entonces, un continuum: podía explicar la vida en dos o tres jugadas.
- 3: Eso terminó abruptamente, con la adolescencia, como cuando un jaque sale al descubierto y no hay ningún movimiento para detener el avance del rival. Así de desamparados quedamos a veces.
- 4: Pienso, ahora, que sí existe una relación entre un simple juego y la vida: siempre hay un otro, así sea uno mismo, a quien retarle una partida.
- 5: Después de todo, hay un Dios detrás del jugador, y un Dios detrás de Dios que la trama empieza... Así las cosas, no queda otra que entregarse al juego.
Fragmento #1
- a: Todo es una gran falacia. Fijate lo que te digo. Mirá cómo hablan esos dos. El gesto adusto de aquella señora. ¿Vos les creés? Te reto a que sostengas una verdad que resista por más de veinticuatro horas. Dos o tres palabras que sean incorruptibles. Nada más. Que las reveles ante tus compañeros de trabajo, ante el encargado del comercio de la esquina de tu casa. ¿Podés? ¿Estás realmente seguro? En todo caso, ¿cuál es tu verdad? Sí, la más verdadera. Esa que sea carne, que devenga de tus entrañas, que por obra y gracia de tu compostura se haga Verbo. ¿Podrías? De eso te hablo. Todo es una gran falacia, y vivimos negándonos los unos a los otros. Sale el sol. Al otro día se oculta. Es una victoria pírrica, ¿te das cuenta? Creemos que ganamos, pero al final todos salimos perdiendo…
Canto #1
- a: A mitad de un sándwich de milanesa, en una sala oscura me hallaba porque el interruptor se había maltrecho. ¡Fijate si resulta difícil precisar aquella oscuridad, omnipresente y densa, que me corre escalofrío por las patas! Sucede que el sándwich era tan desabrido que pedía a gritos mayonesa, tarea que se dificulta con una luz deficiente como la que nimba las ideas de ciertos politólogos. Mas cuando puse un pie en la alfombra, allí donde se ocultan la mugre y los pesares, entendí que el bobo me había jugado una mala pasada. Miré hacia la ventana. El cartel de neón del hotel fronterizo iluminaba sutilmente mi derrotero. Entonces huyó el miedo, ese que había entrado sin pedir permiso, como lo hacen cuervos que persiguen su alimento. Así repuesto del mal trago, improvisé un paso. Tanteaba formas en el paisaje ensombrecido, hasta que mis manos pudieron percibir algo más pesado que el culo de un comisario, más violento que una jauría de abogados y más molesto que la mirada ajena. Observé con terror las formas de aquel bulto, que me separaba de la heladera y de mi ulterior objetivo: la mayonesa. Sin embargo, su presencia me acorraló tanto, que resbalé y caí, atemorizado, sobre el sofá. Así las cosas, la heladera se alejaba y con ella mis esperanzas. ¿Qué o quién contra mí venía? ¿Qué o quién con la tosudez del que calcula tan certera puñalada? Cuando eso me preguntaba, la vi. A ella que, en su silencio, creí muda. "¿Qué te pasa, canejo?", le grité. "¿Qué es lo que querés acá? ¡Juira!", manifesté entre llantos. Y fue allí cuando su voz reveló el misterio: "Hombre no soy, mas mujer fui y a mis padres cuna dio La Matanza, puesto que Perón escindió en dos la patria. Nací sub Cleto, aunque hastiada, y viví en ninguna parte bajo el mal De La Rua: tiempo de dioses medicados. Me llaman Doña Poesía, y vengo a señalar tu camino: ¿porqué no te dejás de perder el tiempo en boludeces y te ponés a pensar, que es el principio y razón de todo paciente psiquiátrico?". Por entonces, una gota pareció suicidarse desde el peñasco de mi frente. Hablé con pavor: "¿Entonces vendrías a ser como un Virgilio travestido? Seas glorificada, oh gorda Poesía, porque por vos he empeñado mi carrera y regalado los pocos proyectos que me aseguraban sustento en el terreno baldío del capitalismo". A lo que contestó: "Hiciste bien, decimocuarto vástago de la falacia argentina, pero ahora hay que profundizar el modelo. Vos seguime, que no te voy a defraudar". Así lo hice, y aún hoy apremio las huellas de Doña Poesía, en busca del tiempo perdido. Por ella se difuminaron mis pesadillas, aunque sigo en la oscuridad total. Por ella entregué mis esperanzas, aunque sigo cagado de hambre. Por ella relegué la urgencia de mi carne, aunque la holgada señora me expropió el sándwich de milanesa.
- b: Hasta aquí, un primer fragmento de mi novela. Gracias por su tiempo.
I used to love this rock ‘n roll world, but now I love that old suicide world.



